Este fin de semana con el motivo del dia del padre me he venido a Enzesfeld, a las afueras de Viena, a pasarlo con el (el vive aqui). Estar aqui, en medio del bosque, sin un solo edificio alto o coche que te pueda recordar a lo que es la vida en la ciudad es una cosa realmente agradable. Esta todo nevado y hace un frio que pela, ideal para encender la chimenea y sentarte en una butaca con ventana al lado a leer y contemplar el paisaje nevado. Despues de comer nos parecio divisar un caballo por la ventana que habia hecho una incursion en el jardin, cuando salimos resultaron ser 6 ponys! (no me chuto, no) Esto es naturaleza y lo demas tonterias. La gente en pueblos como este ademas es muy amable. Fuimos a cenar a nuestro italiano favorito, el dueño se sienta en la mesa de todos los clientes que conoce mas o menos y les invita a un grappa mientras se cuentan las ultimas nuevas (se las pilla dobladas, si), te saca a su hija pequeña para que veas lo que ha crecido y todo muy en plan familiar. Es muy agradable que a donde vayas te hagan sentir como en casa y librarte del anonimato de la ciudad. Esos son los pequeños lujos de la vida que le hacen sentirse a uno en paz y feliz, lastima que la mayoria de la gente no los sepan apreciar...
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