Salimos cualquier noche por alguna discoteca o acudimos a alguna fiesta en casa de un amigo y podemos apreciar como poco a poco la zapatilla va aniquilando el uso del zapato. La gente empieza a percibir una realidad falsa del zapato, empiezan a verlo como el complemento del traje y de ropas usadas en situaciones que requieren de una extrema elegancia, algo excepcional. Se empeñan en arrinconarlo y olvidarlo en el armario sin saber cuan gran error cometen. Preguntad a cualquier mujer en que prenda de un hombre se fija primero y la aplastante mayoria alegara que los zapatos marcan la diferencia. Todo el mundo puede llevar un traje aceptable, pero a la hora de usar zapatos es cuando se nota la diferencia entre el que lleva un traje porque la ocasión lo requiere y quien lo usa con ganas, naturalidad y elegancia. El zapato no es un complemento es una prenda tan importante como un blazer.
Para saber llevar el zapato perfecto en cada ocasion hay que seguir una unica regla:
El zapato
únicamente debe destacar en el momento en que la mujer baja la mirada, se fija en el y se queda mirandolo unos segundos porque la ha fascinado, es la firma medio escondida que lleva todo hombre. Si el zapato llama la atencion de una mujer antes de que ella se haya propuesto mirarlo es porque o no es adecuado para el atuendo/situacion o porque es horrible.
Con esto no quiero evocar una renuncia total de las zapatillas, pero cada prenda tiene su momento y lugar.
¿Porque renunciar a un arma tan poderosa como un buen zapato para llevar un trapo con un poco de goma estilo Converse? Yo jamás lo entendí.
Debemos de estar volviendonos masoquistas...